MaMilManeras por BabyDove

Ya he comentado en posts anteriores que el hecho de tener dos hijos no hace que el tercero sea igual al resto. Cada uno es un mundo.

También he escrito sobre la importancia de la madre en el niño. Creo ser muy unido a mis hijos, pero sin importar qué pase, cuando uno se cae y se lastima o se siente mal, buscan a la madre. Ante la desesperación por algo, el grito es ¡¡¡MAMAAAAAAÁ!!!

Benja no es la excepción, es recontra “madrero” y obviamente, con casi tres años, ya conoce a quién puede acudir para pedir qué cosa. Por ejemplo, si quiere chiveo, que lo upen, que tiren para arriba, caballito en una pierna, hacer luchas, etc acude a mí. Pero si tiene hambre, quiere el tete, o no se siente bien, acude a la madre (esto fue así con todos).

Benja también es muy distinto a Juan (5). Juan mostró cero interés por el fútbol, cosa que en realidad no me asombra mucho porque yo tampoco soy fanático, pero Benja es increíble lo que le gusta. Desde hace tiempo ya le encanta correr atrás de una pelota. Incluso, si vamos a un parque y ve niños jugando (siempre más grandes que él) se suma y entrevera, lo que obviamente molesta a los jugadores y tengo que ir a sacarlo. Porque, aparte, no es de los que les gusta pasar la pelota, él quiere entreverarse, intentar sacarla y patearla lejos para meter un gol. Todo eso coronado, obviamente, por un grito de gol como si fuera la final del mundo con los brazos arriba.

Pero Benja ha demostrado otra faceta “distinta” a la que ha mostrado el resto. Benja es de buscarme para mimos, se me mete entre las piernas, me pide upa, me da abrazos. También le encanta entrar el auto conmigo al garaje. A todos siempre le gustó, pero Benja me pide y me lo reclama si no lo llevo.

Obviamente, esto viene en parte dado por lo que yo le demuestro o hablo con él. En entornos casi iguales como los que se criaron mis hijos, cada uno nos agarra en una etapa distinta de la vida, y con más vivencias.

Cuando Jose nació todo era para ella, el 100% de nuestra atención era para ella. Hasta que vino Juan, y ahí el 50% de nuestra atención se iba para cada hijo, pero no tiene que ser así, en mi humilde entender. Porque un bebé requiere mayor atención que una niña de 4 años. No sé cuál será el porcentaje exacto, y poder aplicarlo debe ser de las tareas más difíciles de un padre, pero seguro no es 50 y 50.

Ni hablar cuando nace el tercero. Aparte de que matemáticamente nos da 33.333… y eso es imposible de medir, hay que contemplar todas las necesidades. Nunca el porcentaje es el mismo, ni todos los días es el mismo que el día anterior. Ahí está la “gracia” de aprender todos los días a ser padres.

Pero el post se llama el de papá, ¿por qué digo que Benjamín es el de papá? Porque así lo dice el mismo 😊