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FILOSOFÍA MONTESSORI: EL PREMIO ES SU NUEVA HABILIDAD

El mundo está atravesando un momento de transición. En 20 años hemos vivido cambios más radicales y profundos de los que se habían dado en los 100 últimos. El impacto se siente en todos los ámbitos. La educación, la forma de enseñar, los métodos tradicionales y sus resultados, son algunos de esos pilares que este tsunami empezó a desmoronar. La famosa “crisis” en la educación desde sus raíces o “ADN”, no la sufre solo Uruguay, sino el mundo entero, y los aislados ejemplos innovadores como los finlandeses son una muestra de ello.

De ahí que elegir el lugar que formará a nuestros hijos durante años, donde creará su grupo de amigos, donde forjará su personalidad e identidad, en el que entrará siendo un niño y saldrá,  ojalá, persiguiendo su vocación, resulta sin duda una de las decisiones más difíciles que tomamos como padres.

Aún no conocemos en profundidad lo que ofrece Montevideo o Uruguay en esta materia, y aún no sabemos dónde, pero sí tenemos claro qué queremos para ellos y qué no. Aunque nos tilden de idealistas o ingenuos tenemos la esperanza de que una propuesta educativa  que convierta el “es lo que hay, valor”  en “es lo que quiero y lo voy  a intentar ” existe. A eso apuntamos.

Investigando me topé con varios métodos pedagógicos alternativos a los tradicionales que despertaron mi curiosidad. Uno de ellos fue el Montessori, y sobre él les quiero contar en este post.

Se le puede llamar “método”, pedagogía o filosofía y  lo creó  María Montessori (1870 – 1952) una pedagogacientífica, filósofaantropóloga, la primera mujer italiana que se graduó como doctora en medicina en Italia.

Su método se centra en educar a los niños en su autonomía, independencia, autocontrol  y libertad, con la correspondiente seguridad.

Es el niño el que explora y desarrolla sus habilidades bajo la supervisión y guía de un adulto. No bajo la imposición de modelos preestablecidos.

Es una filosofía para la paz y la tolerancia, que cree en las individualidades, en desarrollar el potencial de cada niño, según su capacidad, sensibilidad y pasión, sin masificar ni homogeneizar.No enseña a obedecer. Busca potenciar la rebeldía apasionada, sana y creativa con el correspondiente auto control.

Para eso crean lo que llaman un “ambiente preparado” en el que se pone a libre disposición de los niños elementos de  materiales nobles, colores primarios o simplemente madera, juguetes simples y pedagógicos. Nada de plásticos, ni ruidos estridentes.

En las escuelas Montessori no hay exámenes ni discriminación por edades. Saben que están capacitados cuando son capaces de enseñarles a otros lo que aprendieron.

Se centran en la importancia del juego para el  desarrollo de su curiosidad, por eso, tampoco mandan deberes, porque creen que luego de una jornada de ocho horas, cocinar,  pintar, pasear por el barrio o seguir un cascarudo en el pasto es más útil  que sentarse frente a una hoja, sin ganas, para obtener una calificación.

Tampoco están de acuerdo con el sistema de premios y castigos ni en la excesiva felicitación luego de un logro. Cuando un niño aprende a ir al baño solo o a colorear  sin salirse de la línea, el premio es su nueva habilidad. De esa forma, cultivan su propio valor y no forjan su autoestima en torno a la aprobación del otro.

Existe mobiliario Montessori diseñado  específicamente para que exploren y descubran con independencia como “La torre de aprendizaje” y en la biblioteca Montessori los libros se colocan con las carátulas al frente para que el acceso sea más fácil.

Hace pocos días  estuvo en Uruguay  Celine Hameury, guía Montessori, una francesa, que  dedica su vida a difundir por el mundo los beneficios de esta forma de educar en las aulas y en casa. Le pregunté por qué en Latinoamérica se aplica tan poco este método, y  contestó…”no les conviene, quieren ciudadanos obedientes, no libres.”

Los creadores de Google, ambos, en diferentes países, fueron a escuelas Montessori.