MaMilManeras por BabyDove

Momentos tragicómicos con tu bebé

“Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Así determina la Ley de Murphy.
¿Pero cómo se aplica este principio en la vida de una madre o un padre? Con Lolo hemos pasado por diferentes situaciones que nos hicieron pensar una lista de momentos únicos que, a continuación, detallo. ¡Seguro les debe de haber pasado más de una vez!
– Van a salir a un cumpleaños o evento social. Elegís la muda para ponerle a tu bebé con anticipación. Sí, ese conjunto que dejaste guardado para un momento especial. Luego de bañar al pequeño, lo vestís. ¡Le queda divino! Están por salir cuando el chiquitín vomita leche. Ese olor especial, único es tan invasivo que por más que enjuagues la prenda o le pongas perfume, es imposible ocultarlo. No queda otra que ponerle otra ropa.
– Hay días en los que nuestros pequeños tienen mucho sueño pero les cuesta dormirse. Comienzan a irritarse (en el caso de Alma, cuando está en brazos se refriega contra nuestro pecho). Cuando comenzás a mecerlo, no para de moverse y hacer berrinche. Lucha por tener los ojos abiertos y no cesa el movimiento de sus brazos, piernas, cabeza y tronco. El sueño comienza a ganar espacio de a poco. Mientras, uno camina y camina por toda la casa, balanceando al bebé y cantándole. A los minutos, ya tu cuerpo empieza a cansarse y ves que él sigue insistente en sus movimientos. A los 15 minutos, comienza a cerrar los ojos, los movimientos se hacen más suaves hasta quedar inmóvil. Tus muñecas y brazos están acalambrados de ese sacudón que parecía interminable pero, al final, parece que cumpliste con el objetivo. Ahí hay tres opciones: que se quede durmiendo tranquilo en la cama, que se despierte a los 10 minutos o, peor, que al momento en que apoyas su cuerpo en el colchón se despierte. Admito que, muchas veces, nos pasa la segunda o tercera opción y, como consecuencia, todo lo que tenías pensado hacer mientras dormía su siestita tendrás que posponerlo.
– Cuando estás con el recién nacido – y más cuando eres primerizo- tomás todas las precauciones al momento de cambiarle los pañales. El cambiador resulta esencial. Después, cuando pasan los meses y ya canchereás, podés atreverte a no apoyarlo en él… total, lo cambiás tan rápido que –pensás- seguro no va a pasar nada. En un instante, pasás de tener el control de la situación a perderlo. El bebé comienza a hacer pis, un pis intenso; o a hacer caca y vos ahí, en plena transición de pañal sucio a limpio. Conclusión: se moja toda su ropa y toda tu cama o sillón.
– Volviendo al tema de las salidas. Se te ocurre ponerte una camisa que hace rato no usabas – seguramente porque no te entraba estando embarazada-. Puede ser de color claro, sencilla, linda y cómoda. La planchás y te la ponés; estás espléndida. Estás en pleno evento –cumpleaños, comida con amigos, lo que sea- y, de repente, le vas a hacer provechito a tu peque y en el momento que lo ponés en vertical, vomita encima tuyo. Sí, sobre esa hermosa camisa clarita. Puede que tengas “suerte” y sea un vómito de leche. Fácil, vas al baño, te pasás agua y quedará mojado y con ese olor peculiar, pero bueno, nada más. La cosa se complica si es vómito de comida. Ese amarillento o verdoso y oloroso. Ahí no hay agua que te salve. Tendrás que adaptarte a la situación y seguir espléndidamente manchada.
– Acabás de bañarlo, la serenidad de la noche invade el hogar. Lo estás cambiando. Te das vuelta a buscar el secador, el almohadón para amamantar o lo que sea. Y cuando girás y lo mirás, parece un panadero lleno de harina. El pequeño agarró el talco que, claro, dejaste abierto, y se bañó con él. Bueno, ¡por lo menos sabes que quedó bien sequito!

Más allá de la Ley de Murphy, son cosas que pasan y que hay que tomárselo con humor. Son momentos tragicómicos que quedarán en el libro de los recuerdos de la familia.