MaMilManeras por BabyDove

Esto no estaba en mis planes

Me llamo Federico Petersen y soy nuevo en esto de ser papá.
El 15 de febrero de este 2017 a las 18:27 nació Luisa y desde ese instante soy padre. Ella llegó casi un mes antes de lo previsto y eso hizo que varios de nuestros planes con respecto a un parto natural ideal se nos escurrieran como agua entre las manos.
Eso es lo primero que me enseñó la paternidad: las cosas no pasan según lo que planificás.
Para muestra, un botón: a horas de nacer Luisita ya cambió drásticamente nuestro “plan” de pasar nuestra primera noche como familia abrazándola y mimándola, ya que se nos la llevaron para hacerle unos estudios por un comportamiento extraño que presentó al ingerir líquidos por primera vez.
Esa noche fue espantosa; no estaba en nuestros planes sentir tal vulnerabilidad, incertidumbre e impotencia. Al otro día tempranito vinieron y nos dijeron que le habían descubierto una atresia esofágica, “una condición incompatible con la vida” nos dijeron (otra cosa que no tenés planificada escuchar a horas de conocer tu hija).
Siendo hijo, nieto, sobrino (y yerno) de médicos, y después de pasar esta experiencia con Luisa he aprendido a detestar profundamente la terminología médica, así que lo voy a explicar en criollo: su estómago estaba conectado con una vía respiratoria y su esófago terminaba en un tabique, conectado a la nada misma.
Es una malformación congénita que afecta a uno de cada 10.000 niños y que no siempre se ve en las ecografías. Yo sabía que Luisa iba a ser especial y se lo decía a todo el mundo, pero me refería a que iba a serlo en otro sentido y por otros motivos.
Obviamente, esta condición le hacía imposible comer, y como comer es necesario, y delicioso, había que arreglarlo. Fue así como a 48 horas de nacer la durmieron, la operaron y la arreglaron.
“Salió todo lo mejor que podía salir”, nos dijeron. “Luisa está bien y va a estar perfecta”, nos explicaron.
Me cuesta describir la sensación que me generó escuchar esas palabras y me siguen poniendo los pelos de punta de solo pensarlas.
Siguieron 19 días de CTI, de lenta evolución, ansiedad, paciencia, abrazos, lágrimas, alegrías, sustos y noticias que cada vez iban siendo mejores hasta que el 8 de marzo nos dijeron que nos íbamos para casa, ahora sí: a empezar con la vida que habíamos planificado.
Menuda sorpresa nos íbamos a llevar; ya les iré contando.
También soy nuevo en esto de escribir al respecto de ser papá. Es algo que no estaba en mis planes (adivinaron) y que he recibido con enorme gusto y alegría ya que todo el tiempo, todo lo que me pasa con Luisa, me dan ganas de contarlo y compartirlo.
Quiero agradecer a Sebastián que me deja su lugar y me da esta hermosa oportunidad. Leerlo ha sido muy divertido, emocionante y también inspirador, así que espero estar a la altura de las circunstancias y divertirlos, emocionarlos y, por qué no, inspirarlo a él, a los otros compañeros blogueros y a todos los que nos leen, a quienes también aprovecho y agradezco por este lugarcito que me hacen.
Con los sucesivos posts les iré contando acerca de Luisa, de mí, de Nani, mi esposa, de Tila, nuestra perra adorada y de cómo me lleva esto de ser padre, lo único que puedo afirmar que sí estaba en mis planes.
Ahora, por lo pronto, les dejo este primer aprendizaje del que les hablaba al principio y que me ha dado la paternidad: podés hacer mil planes, pero al final las cosas van a pasar como tengan que pasar.
Vos te adaptás, y chau.
Eso, y que de alguna manera todo va a estar bien.