MaMilManeras por BabyDove

El agua y los niños

Ya he escrito bastante del tema del agua y los niños. La importancia del bañito en la rutina de los bebés o cómo disfrutan del agua en la playa, pero esta vez tiene un enfoque distinto. Esta vez, sin querer sonar alarmista, quiero hablar de los peligros del agua, sobre todo de la playa.
Me ha tocado hacer algún rescate en el mar y puedo afirmar que la sensación de seguridad en el mar se puede ir en un segundo. El mismo segundo que nos distrae cambiar la radio del auto, o mirar para atrás.
Con los niños el peligro del agua se potencia, porque ellos son una bomba de tiempo. Nunca se sabe qué van a hacer, es como que es imposible predecir un patrón en su comportamiento.
En esta etapa, el “problemático” es Juan (casi 5 años). Juan no sabe nadar solo. Puede llegar a flotar un poco, pero no nada como para atravesar una piscina chica, menos que menos para salir del mar. Pero él es como si no lo supiera. Obviamente, sabe que no sabe nadar, pero no conoce el peligro de quedarse sin hacer pie. Por eso estas vacaciones me las he pasado, cuando no estoy en el agua, en la orilla mirando bañar a Juan. Ya me pasó una vez cuando él era bebé, estaba a mis pies bañándose, yo tomaba mate con un amigo que también cuidaba a su hijo, y en un segundo, en gorro de Juan flotando en el agua y él boca abajo. Viviana (mi esposa), que también estaba con nosotros, fue quien lo sacó del agua. Todos obviamente muy asustados, menos él. Ni siquiera tosió, no tragó agua ni nada. Debe haber sido realmente un segundo, o menos. Los bebés nacen con ese reflejo de no intentar respirar abajo del agua, y calculo que por eso Juan no tragó agua. Claro que el susto nuestro fue mayúsculo y quedamos nerviosos sin dejarlo volver a acercarse al agua, por lo menos hasta que a nosotros se nos pasara el susto.
La semana pasada volví a tener un incidente con Juan. Nuevamente él en el agua, bañándose y yo en la orilla mirándolo a no más de cinco metros de distancia. También estaba Josefina, y en determinado momento la miro porque estaba haciendo una pirueta y cuando vuelvo hacia Juan, no más de dos metros de Jose, ya no estaba. También esta vez mi esposa estaba al lado mío . No lo veíamos, estábamos cerca de donde él había estado pero ya no estaba. Me fui derecho al agua, pensando que se había hundido y no había salido. Cuando Viviana mira hacia la arena me dice: “allá está, salió del agua”.
Cuento esto y se me vuelve a acelerar el corazón. El nerviosismo que pasa uno en esos momentos es indescriptible. Nada que hubiese sentido antes de tener hijos, pero los hijos son así, nos hacen vivir muchas experiencias nuevas, no todas tan placenteras como nos imaginamos.
Para terminar con algo un poco más alegre para hacer los días de lluvia en pleno verano y que tiene también al agua como protagonista, es aprovechar los charcos que se forman con los aguaceros y salir a chapotear con ellos. Siempre les gusta jugar con los padres y si todavía es con agua, es felicidad completa (guerras de agua incluidas).

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