MaMilManeras por BabyDove

No es que Luisa esté empezando a hablar.

Todavía le falta para “hablar”, elaborar una frase o expresar algo, ni qué hablar; pero están empezando a pasar cosas en ese territorio.

Ya se venía haciendo entender con gestos y ruidos: se ponía al lado del tocadiscos y hacía “hmmmmmmmmmmm” golpeando la mesada como si estuviera pidiendo un whisky en una taberna del lejano oeste. Ahí había que ir, ponerle un disco y se ponía a bailar. Feliz, porque le encanta bailar, pero también porque logró comunicar algo, creo yo.

Ahora está empezando a hacerlo vinculándose con palabras, directamente; ya sea diciéndolas o reaccionando cuando alguien las dice.

De unos días a esta parte está empezando a encarar que si dice “abua”, nosotros entendemos que ella tiene sed y, entonces, le damos agua. Toma 3 o 4 sorbos grandes y hace “ahhhh”; repite la secuencia un par de veces más, y listo: entendió que “abua” le saca la sed.

“Amamamamama” ya se transformó en “mama”, así, sin tilde en la segunda “a” aun; lo dice como una italianita llamaría a su “mamma, mamma, mamma”. Y, claramente, quiere decir “mamá”.

Obviamente es la palabra que más repite en el correr del día. Abre un ojo y se le tira a la cara y le da un beso y dice “mamma, mamma, mamma”. Tiene hambre o sueño o lo que sea y dice, ahora con algo más de carácter, “mamma, mamma, mamma”. Y si la mamma se va 30 segundos adonde sea, cuando vuelve, Luisa la ve, se le iluminan los ojos, se para y va corriendo hacia ella diciendo “mamma, mamma, mamma”.

Algunas las repite perfecto aunque no sabe qué quieren decir; hace un par de noches dijo “goooooool” 5 veces, pero porque me escuchó a mí decirlo 5 veces, nomás.

El otro vínculo fuerte que le está pasando con las palabras es el de asociar algunos grupos de palabras con determinados objetos o conductas. Un juego que le encanta (¿a quién no?) es el “¿A dónde está…?”.

Es genial porque virtualmente TODO lo que tenés alrededor puede jugar, entonces es eterno y por lo tanto, genial para entretener y distraer, sobre todo en momentos de mucho sueño donde el buen humor es frágil.

En su cuarto hay un cuadro de Bob Dylan (Baby Dylan, le decimos) y, por algún motivo, en una de esas veces de jugar a este juego, alguien le debe haber dicho “¿A dónde está Bob Dylan?”, apuntando al cuadro.

Por el motivo que sea lo asoció y ahora, estés en el lugar de la casa que estés si le preguntás “¿A dónde está Bob Dylan?”, ella se para, te agarra la mano, te lleva a su cuarto, lo señala y dice: “Acá taaaaa”. También siempre sabe dónde están el oso, Tila (y la comida de Tila) y sus libros.

Ahora, además, como está en un momento en que le da besos a todo lo que se cruza, te pide que la aúpes y acerques al cuadro, así le da un beso, a Bob Dylan.

Otra que está empezando a hacer es a repetir la canción “a guardar, aguardar” (“aguará, aguará”) mientras ella saca todo de su lugar y va alguien, atrás, guardando todo.

“Papá” (o “papa”, igual, como el tubérculo) todavía no asoma en su vocabulario. Un par de veces dijo “mamma” mirándome y yo pensé, listo, cree que yo también soy “mamma” y ya va a encarar cambiar la “m” por la “p”; pero en seguida desvió su atención hacia ella, hacia la mamá, mientras seguía llamándola a ella, a la mamá; así que creo que en realidad se confundió.

No tengo apuro, eventualmente dirá “papá” queriendo decir “papá” y me derretiré. Además, disfruto enormemente ver sus caras, la de Luisa y la de Nani, cuando se conectan por intermedio de la palabra “mamá” (“mamma”, perdón).

Cada vez es diferente e increíble; cada vez me corta la respiración. Y eso sí que no es “blablablá”.