MaMilManeras por BabyDove

Comer, tomar (teta) y amar

Azul hace dos meses que comenzó a ingerir alimentos sólidos. El primer mes fue más lo que escupía o hacía arcadas que otra cosa. No la presionamos. La teta era su comida favorita y no mostraba mucho interés por comer. De a ratos, me sentía con miedo de que no quiera comer nunca nada.

 Es que con Alma, su hermana que tiene 2 años, desde el primer bocado se sintió atraída por la comida.

 Pero Azul vino, como ya he escrito en otras oportunidades, a romper los esquemas y las formas.

 La bebé pasó negándose a la comida, más que nada a las verduras. Lo primero que aceptó y comió con gusto fue la banana. Y después la manzana.

 Sin exigirle u obligarla, los días pasaban al compás de la teta que era su plato principal y favorito.  

Pasaron semanas comiendo casi nada de alimentos sólidos. Hasta que empezó a agarrarle el gustito, a dominar su lengua, a enfocar su mirada en la comida y a concentrarse en ese momento tan sagrado que es comer.

 En casa, al momento de hacerlo, se detiene el tiempo. Las agujas se vuelven bastones de zanahorias, pedazos de zapallo, hamburguesas de lentejas o brócoli (también papas fritas), cualquier cosa menos carne.

 Con Lolo siempre tuvimos eso en común y sabemos que cualquier malhumor desaparece cuando el aroma que sale de las ollas o del horno invade la casa. Hay un gran detalle y es que están rodeadas de cocineros, de muy buenos cocineros en la familia (una de mis cuñadas tiene su restaurante, y mi mamá también se dedica a la cocina y a la repostería).

 El gusto por la comida, entonces, es herencia.

Azul, al mes de entrar en este mundo de exploración, sigue los pasos de su hermana mayor que es una degustadora de lujo. En su vida no necesita más que comer, tomar (teta) y amar.  

Puedo ver en pocas semanas cómo ha avanzado su motricidad fina al llevarse la comida a su boca. O cómo mastica hasta sentirse segura para tragar o cómo saca de su boca con su pequeña y audaz lengua aquel bocado que presiente es demasiado grande.

Creo que la clave está en darles su tiempo, en ofrecerles comidas simples pero variadas para que ellos puedan explorar (jugar) con sus manos y sepan que lo que están tocando es lo que están comiendo. Al principio que sean lo más blanditas posible.

 También, no dejarles de ofrecer comidas por más que en algún momento las hayan rechazado. Me pasa mucho con Alma. Por ejemplo, hasta hace poco no le gustaba el choclo y ahora lo ama. Igual con las zanahorias. Creo que al decir “no le gusta tal cosa” ya estamos condicionando. Yo le agregaría “por ahora no le gusta”.

 Además, en Instagram hay una biblia de recetas compartidas para todo los gustos. En nuestro caso, que somos vegetarianos y que tratamos de evitar los refinados, hay muchas comidas dulces y saladas.

 Mientras aprendemos cocinando, Azul emprende un viaje sin retorno, de colores y sabores que la atrapan más y más. Junto con Alma, agarraron el timón de la cocina, ahora ¡¿quién las para?!