MaMilManeras por BabyDove

Crianza en tribu

Hace tiempo que insisto en lo importante que es tener una red de contención familiar para encarar la maternidad con paz y alegría. La diferencia entre tener con quien contar y no, creo yo, es la vida. Saber que hay abuelos, abuelas, tíos y primos en quienes podemos confiar o delegar para resolver circunstancias concretas es la diferencia entre la paz y la locura.

En todo lo que he escuchado y leído en los últimos tiempos veo cómo se insiste en varios conceptos que supongo son nuevos, o quizás estén de moda, pero seguro nuestras madres jamás lo vieron en sus manuales. Uno es la preocupación por la inteligencia emocional; el énfasis que se hace en la importancia de que los niños desarrollen la capacidad de entender y comunicar sus emociones para tener una vida menos frustrante. Tarea difícil considerando que quienes le enseñamos a hacerlo somos nosotros los padres, que no tuvimos ese curso intensivo, y aunque nos sepamos de memoria el libro y las canciones del famoso “Monstruo de los colores” si no lo ejercitamos en nuestra vida real, espontánea y cotidiana, no hay discurso que valga. Pero bueno, amén de las dificultades para manejar emociones y frustraciones propias, me parece importante que intentemos mejorar en ese aspecto a las futuras generaciones. Evidencia suficiente de la distancia entre nuestra generación y la de ellos es por ejemplo, el famoso LEGO, hoy los ves justamente con caras de alegría, enojo, tristeza, sorpresa o miedo; mientras que los nuestros, 20 años atrás, eran de aviones de guerra y soldados que luchaban contra indios.

Otra de las temáticas que abundan en los manuales modernos y actualizados de crianza es el de la dormida. Que el colecho sí, o el colecho no, fortalezas, debilidades y todo el análisis FODA del colecho, que en fin…sobre eso ya hablé en posteos anteriores y ya les confesé que lejos de toda planificación o guía de manual terminamos en una suerte de espontáneo triple colecho que se ha instalado en casa como una suerte de tradición, a pesar de los intentos por hacerles camas lindas y acogedoras en sus cuartos.

El tercero de los conceptos que abundan es el de la “crianza en tribu”. Y a eso me refería con la red de contención. En primer lugar ser conscientes que los padres somos dos, pero las personas que los rodean a diario y les transmiten con discursos, pero sobre todo con sus ejemplos, son muchos más: la maestra, los abuelos que los cuidan mientras no estamos, en algunos casos las niñeras que pasan con ellos muchas horas, los amigos de la clase, vecinos o primos que son sus espejos de la edad y en todo ese intercambio de socialización los padres nos convertimos muchas veces en meros observadores y pequeños guías de por dónde van.

Yo veo como mis hijos hacen propias frases que no solemos decir nosotros, y hago el ejercicio de identificar de donde salieron: si de la maestra, de los abuelos, de los amigos o de la televisión. Muchas veces también me doy cuenta del espejo que somos y cómo se apropian de cosas, costumbres, ideas y sobre todo reacciones nuestras, buenas y malas. ¡Son esponjas, perfectos actores e interpretadores nuestros! ¡Es de temer!

Pero volviendo a esto de la crianza en tribu. En casa somos cinco, un número interesante, pero en nuestra cotidiana somos muchos más. Está mi papá el Abuelo Lali que viene a casa a diario, que además de jugar con ellos, sacarlos a pasear y regalarles chocolates y pastillitas, les enseña algo muchos más importante: la incondicionalidad. Él está siempre, y ellos, los tres niños esperan que así sea, porque se convirtió en parte de su rutina y de su vida cotidiana. Lo mismo que Silvia, su niñera, que adoran y consideran parte de la familia…es que lo es. Ellos identifican el día en base a si viene Silvia o no. Si viene Silvia tienen cole, es semana y nosotros trabajamos, sino no. Y así tienen organizado y entendido su mundo. Luego están las otra abuelas, abuela Bea y Abuela Iaia que cuando vienen también les juegan y traen regalitos y cosas. Tienen perfectamente identificadas cómo es cada abuela y cómo jugar con cada una. Con mi mamá leen libros y hacen puzzles y a mi suegra le juegan a las espadas y la pelean. Y luego los tíos, y padrinos. Ellos se enorgullecen de mencionar a sus madrinas y padrinos y se lo cuentan a todo el mundo. Les hablan de Tío Lique y de Tía Ana y los dibujan en los pizarrones como parte de la familia. Y me encanta, porque en definitiva es como una suerte de tribu o de circo en que que te sentís unido y protegido con un mismo objetivo que es hacerles bien a ellos y disfrutar de una vida linda, plena, alegre y llena de vínculos.

Por eso defiendo, soy consciente y estoy convencida de que está buenísimo esto de la “Crianza en tribu”, pero ojo, hace unos días, cuando estaba en el sanatorio con León, Salva hizo un dibujo de toda la familia en un barco pirata. Y ahí no había tribu ni circo. Ahí íbamos solo nosotros cinco.