MaMilManeras por BabyDove

El arte de dormir

Es de mañana. Lolo me destapa y me salta por arriba. “¡Ay, la Loli!”, exclama y en el momento que termina la frase, me asomo en la cuna y digo “¿qué pasó? ¿qué pasó?”. Con el corazón a un ritmo acelerado, los dos observamos a Alma que, muy tranquila, abre sus ojos y se despereza.

“¡Son las 8 de la mañana!”, me dice Lolo desconcertado. Yo no puedo creerlo. ¡De dormir cuatro horas pasó a ocho! ¿Esto es un sueño?

Desde que soy mamá, escucho historias de los primeros meses de los bebés en cualquier lado. En reuniones familiares, en el shopping, en el trabajo, en el supermercado.

Muchos, lo primero que te preguntan es, ¿y cuántas horas duerme de noche? Algunos, al preguntarte, abren los ojos y hasta titubean como diciendo “pobre; ¡qué momento difícil!”. Es que dormir a un bebé es un arte.

Un arte que ignoraba hasta tener a Alma con nosotros. Al principio, cuando se dormía, ya sea una siesta o en la noche, me movía sigilosa por toda la casa – nuestro hogar es pequeño-. Quería flotar, cada movimiento era estudiado para no romper el silencio. Parecía una especie de gacela espacial deslizándome por el living, la cocina, el comedor, ordenando, ¡hasta cenando! Pero mi atropello, muchas veces, aparecía. Una torpeza ruidosa e inevitable que, a veces, despertaba a la pequeña.

Es que sí, las noches no son fáciles en los primeros meses de los bebés. Para algunos, incluso, en los primeros años. Y es entendible. Es que estar en la panza es estar en una dimensión atemporal, pero después de nacer la cuestión es otra. No sólo para el niño, sino también para los padres. Y para aquellos que les gusta dormir, ni hablar.

Por eso, en estos tres meses de vida extrauterina de nuestra pequeña, he aprendido que hay un tiempo justo para pasarla de los brazos a la cuna. Ella se duerme cuando caminás; entonces, para saber si se durmió profundamente, me siento. Si se mueve, como buscando acomodo, sé que todavía no está lista para acostarla.

A veces, cuando está cansada y quiere dormir –más que nada en el día-, llora. Más que un llanto son unos grititos. Para calmarla y dormirla, la llevo al patio para que observe las plantas, mientras le hablo sobre ellas o le canto suavemente. ¡Y funciona!

Otra técnica que la ayuda a conciliar el sueño -en las noches-, es el baño. Llego a casa del trabajo a las 21:30 horas, le doy un poco de teta, le hago provechito, jugamos un rato tiradas en la cama y, luego, llega el momento del baño. No hay palabras para describir la expresión de su rostro cuando está sumergida en el agua. Con las luces cálidas y tenues en toda la casa, al son de alguna canción inventada, la baño. Y ella entrecierra los ojos y me sonríe.

Después, la visto en la habitación y, nuevamente, le doy pecho. Porque el baño pierde efecto si no se acompaña con la última teta de la jornada. Y ahí la queda. Un buen provechito y hasta mañana.

Hoy, con tres meses, Alma duerme, de corrido, entre seis y ocho horas. Dicen que somos afortunados por esto. La verdad es que, hasta el momento, nos hace fácil la tarea de ser padres.

Seguro cada niño es un mundo de sueños y cada padre es creador del arte para dormir.