MaMilManeras por BabyDove

El libro sagrado

Este libro es un libro entre muchos que se han escrito y se escriben. Sin embargo, es el más especial que he leído -y leo-.

Es una crónica escrita con lápices y marcadores de colores e ilustrada con temperas y crayones.

Hay parábolas -infinitas -. Los personajes se equivocan y aprenden. En cada historia, se desvela una interpretación más profunda, una enseñanza oculta, una revelación. Los personajes también renacen en cada transformación. Se entregan al mandato Divino. Están los padres y los hijos, en este caso -y, por ahora, las hijas-.

Ellas, protagonistas de tantos relatos, de tantas risas y juego.

Este libro, para mí, es sagrado. Lo escribimos con Alma, Azul y Lolo. En realidad, tiene un bagaje más grande porque lo comenzaron a escribir quienes nos anteceden. Los que están con nosotros y los que ya no están. Los que conocemos y los que no.

Este libro, para mí, es la esperanza de un nuevo florecer como humanidad. Deposito mis días -y mis noches-, mis alegrías, mis risas desmedidas y mis llantos en él.

Lo escriben ellas, con sus manitos bailanteras, su corazón chispeante, sus voces únicas.

Lo escribe Lolo con su paciencia, su dulzura, su amor paternal, su complicidad y compañerismo.

Lo escriben los abuelos con sus abrazos y besos. Los tíos, los primos. Los padrinos.

Todos tienen su capítulo.

Muchas de estas narraciones encuentran su espacio en nuestro hogar. Las paredes transcriben las emociones, los enfados, los berrinches, los perdones, las reconciliaciones, los besos, el amor. Ese tan buscado amor que se traduce en intentar llevar una crianza lo más respetuosa posible, con aciertos y desaciertos. Con límites que, para muchos, pueden ser radicales -más que nada, en tema alimentación-. Con aceptar y tratar de acompañar el desarrollo de estas dos chiquitas que nos eligieron como padres.

Volver a ‘nuestros pagos’ -a Maldonado- fue volver a vivir todo lo que vivimos pero al revés. Antes solo hijos. Ahora como hijos y padres.

Las hojas de este libro se llenan rápido. El tiempo nos descubre, ahora, como escritores empedernidos. Le rogamos que nos regale más horas para poder procesar lo intenso de esta experiencia.

Estas vidas comparten renglones, escriben notas al pie con la constante reflexión de si sentimos que estamos haciendo las cosas bien. Es que, al fin y al cabo, el título que predomina es el amor, entonces no hay porqué cuestionar tanto el asunto.

Editamos algunos párrafos, nos ajustamos a las nuevas realidades. Cada etapa tan desafiante y, a su vez, tan efímera.

En un momento del libro, agarro un lápiz, le saco punta y me detengo. Subrayo lo siguiente: ¿Te das cuenta todo el potencial que tenías dormido? Miren, mujer audaz, padre valiente, el torbellino de momentos que se generaron a partir de su ma-paternidad. ¿Creyeron que eran capaces? Observen bien… esas dos pequeñas que abrazan su Universo, lo sostienen y le dan forma no son más ni menos que la prueba de la perfecta naturaleza que nos conforma.

Ahí, el libro, me traslada al Espacio: “Tocan el sol con las manos y no se queman. Pisan la luna con sus pies y no se caen”.

Y es tal cual. Este libro no conoce de límites. Sus hojas son infinitas. Su prólogo es un poema hecho canción con nuestras voces desafinadas y los gritos alegres de Alma y Azul. Está lleno de anexos y la bibliografía es un híbrido entre lo que fue, lo que es y lo que será.

Este libro me tocó la fibra, me enganchó el corazón, me llenó de cuestionamientos pero, sobre todo, me impulsa a seguir escribiéndolo codo a codo con mis compañeros de ruta.