MaMilManeras por BabyDove

El primer mes

Un mes de conocernos con Alma, de intercambiar miradas, de sentir la piel más suave del Universo. ¡Ya un mes!

De mirarme al espejo y ver ojeras y una piel cansada. Pero de sonreír, de emocionarme al verme madre, y al ver a Lolo padre.

Un mes de adaptación. De aprender a hacer provechito y cambiar pañales.

Un mes de luchar contra el sueño, de aprender a convivir con el cansancio.

Un mes de nuevos sonidos. Una respiración nueva en la casa para identificar en las noches entre sueños.

Un mes de alimentar a este ser que tanto alimenta nuestro espíritu. Lo mínimo que puedo hacer es estar a su merced, soportar el dolor en las mamas -en las primeras semanas-, respirar profundo y contemplar cómo se nutre, con qué habilidad logra succionar. ¡Cuánta sabiduría en sus pequeños labios!

Un mes de rituales nuevos.

El ritual del llanto: al escucharla, alzarla y apoyarla en mi pecho para que pueda sentir el aroma de mamá. Es un instante, previo a que comience a succionar. Son unos segundos. Ella acerca su nariz a mi pezón y el llanto cesa. Aparece el silencio, la paz, la seguridad de estar en brazos. Todo es armonía.

El ritual de la noche: prender la luz cálida de esa lamparita que compramos aquella vez, hace años, en Tristán Narvaja, bajar la voz y los sonidos característicos del hogar.

El ritual del baño: medir la temperatura del agua, ver qué le vamos a poner para dormir y disfrutar de su mirada de placer mientras reposa sobre el agua.

Un mes de apoyarnos, más que nunca, con Lolo. De poder apreciar el amor más puro, más tierno y más paciente. De dejar, por un tiempo, los momentos de pareja para entregarnos por completo a Alma, para que su adaptación a este mundo sea lo más armoniosa posible.

Un mes de visitas, de abrazos, de compañía. Nuestro hogar de puertas abiertas para que los seres queridos estén con la pequeña y compartan la alegría de tenerla entre nosotros.

Un mes de apreciar los cambios en ella. No sólo con respecto al tamaño, sino también al fortalecimiento del vínculo padre-madre-hija. De notarla más despierta, de descubrir nuevos gestos y sonrisas que hacen que mi mundo se detenga.

Un mes de reducir al mínimo el uso la tecnología, de dejar de lado el tiempo, los horarios y las fechas. Se nos dieron vuelta los esquemas. El desayuno puede ser a las 12 del mediodía y almuerzo a las 16 horas; y no pasa nada, se disfruta, el mundo a los pies de la pequeña.

Un mes para enfrentar los miedos y las preocupaciones. ¿Podré darle lo que necesita? ¿Seré una buena madre?

Un mes para dar lo mejor de mí, para pedir perdón cuando me equivoco, para mostrarme al desnudo, llorar y reír junto a la mejor compañía: Alma.