MaMilManeras por BabyDove

El segundo hijo come barro

Creo que con la llegada del primer hijo a uno no le queda otra que bucear en el miedo, el ensayo y por supuesto, el error. Recuerdo con la llegada de mi primer hijo, que cuando empezó a comer, tenía una tabla en la que anotaba qué comía, para ver así la variante de nutrientes y clasificación de lo que le daba semanalmente.

Hoy con la segunda hija, pensar en eso, es como acordarme un chiste de los Les Luthiers. Desopilante. Descachareante. Imposible que se me ocurra a mí.

Todo el romanticismo nutricional y de vestimenta empieza a desmoronarse.
No quiero decir con esto que mi hija coma cualquier cosa. No. Eso no.
Pero si digo que si Manuel comía un chocolate con 17 meses yo seguramente me hubiese descompensado en mi ADN de madre primeriza.

No afirmo ni niego que mi hija haya comido del piso.
No afirmo ni niego que ya manoteó un chorizo al pan .
No afirmo ni niego que ya se vinculó con el azúcar.

Apelo siempre a lo mejor para mis hijos. Siempre. Aún así, en nuestro pequeño caos, ellos eligen las frutas y verduras por sobre otros alimentos.

Porque en definitiva la maternidad-paternidad es eso: una balanza eterna entre lo que está bien y lo que está mal. El equilibrio en la justa medida para poder RESPIRAR.