MaMilManeras por BabyDove

Espíritu Navideño

En lo que toca a la Navidad, yo suelo decir que tengo el espíritu navideño de un ladrillo.
Puede sonar un poco exagerado, pero la verdad es que las efemérides en general, y la Navidad en particular, no me dicen mucho. Sin embargo, no siempre fue así. De chico solía armar “Shows de Navidad” para toda la familia con la reticente asistencia de mi primo (tres años menor que yo y con poco voto en la materia), en dónde nosotros cantábamos (o hacíamos playback), hacíamos magia y todas esas cosas que los más pequeños creen, con razón, que divierten a los más grandes.
Pero, con el tiempo, la Navidad perdió algo de su magia a mis ojos y se transformó en una fecha más que se destacaba esencialmente por la buena compañía de toda mi familia, la excelente y abundante comida y por una programación televisiva particularmente mala.
Hace cinco años y un par de meses todo esto cambió, y hace dos y medio volvió a ganar toda otra dimensión. Sí, es un hecho, las llegadas de Vicente y de Quique le han devuelto a la Navidad su magia. Mejor dicho, le han dado a la Navidad una dimensión y una importancia inigualable, hecha de pequeños momentos y grandes emociones.
La ilusión de Vicente al “escribirle” la carta a Papá Noel con la preciosa ayuda de Mamá.
La fascinación de Quique por las decoraciones del árbol de navidad (sobre todo por tirarlas al piso).
Las constantes e interminables adendas y alteraciones a la carta original a Papá Noel.
La alegría incontrolable de Vicente a las 7 de la mañana del 24 – “¡Hoy es Navidad! ¡Hoy es Navidad!”.
El Skype al mediodía con mi familia en Portugal, ellos de buzos de lana, nosotros de manga corta, y todos con mucha, mucha saudade.
La ansiedad del constante “¿Falta mucho para que venga Papá Noel?” de Vicente.
La explosión de júbilo cuando, mágicamente, los regalos aparecen debajo del arbolito de Navidad (justo cuando lo habíamos llevado a la casa de la Abuela, qué coincidencia).
La sonrisa de Quique rompiendo sus primeros regalos de Navidad con sus propias manos.
El descanso profundo de ambos, bien pasada la hora de dormir, agotados de tanto jugar con sus regalitos.
Mi felicidad, profunda, por el privilegio de vivir la Navidad con ellos.
Por eso hoy, más que nunca, este ladrillo que les escribe volvió a sentir eso del “espíritu navideño”.

Nota:
Te invitamos a leer también el artículo que escribió Sabi, esposa de André, contando como vivió ella esta Navidad.