MaMilManeras por BabyDove

Florecita rockera

El otro día Nani me mandó una foto de Luisa y se me vinieron dos imágenes a la cabeza como un flash. Dos imágenes de mi adolescencia, casi infancia, cuando conocí y me hice adicto al rock (y a la música en general, pero entré por ahí).

Una es la re mega archi famosa foto de Jim Morrison de Joel Brodsky en la que el Rey Lagarto aparece sin remera y con sus brazos abiertos; seguro la vieron mil veces en miles de remeras (paradójicamente).

La otra es una de Kurt Cobain. O sea, no UNA específicamente, sino alguna en la que se lucieran sus pelos rubios, de un largo muy similar al que Luisa tiene ahora; proporcionalmente, claro.

Más allá de que obviamente piré con esa foto por mi fanatismo, piré porque a Luisa le está encantando la música y, entonces, esa similitud doble fue como un shock. Obvio que me pone re feliz y ojalá le dure; pero me sorprende muchísimo lo que le gusta y la disfruta y la “facilidad”, digamos, que tiene para la misma.

Hará un mes, sin ir más lejos, que escucho a mi padre cantándole una melodía archi conocida (“Campanero”, googléeanla) y al toque escucho a Luisa repetir la melodía. Me llamó mucho la atención y le pregunté a mi padre si ya se la había cantado antes; me dijo que no, lo cual acrecentó mi sorpresa. Si bien es una melodía sencilla, no dejaba de ser la primera vez que la escuchaba.

Lo que más me deja de cara es que nunca hicimos nada específico porque le guste particularmente. Siempre lo quise, pero siempre quise más no condicionarla; que si lo iba a hacer, que si le iba a gustar, fuera porque lo sentía.

Obvio, siempre hay música, instrumentos y discos y cualquier oportunidad es genial para escuchar música y cantar. Y se ve que eso le prendió, porque le FASCINA cantar. Funciona para cuando está contenta, para cuando está enojada, para cuando está aburrida, para todo. Es común estar en un cuarto diferente a ella y escucharla entonar alguna canción.

Siempre son momentos súper tiernos y divertidos, esos de los que nos miramos y nos derretimos a la distancia.

De hecho es GENIAL, cuando se enoja por algo (lo que se hereda no se roba…), siempre tratamos de “sacarla” de esos momentos cantando. Entonces empezamos a cantarle cualquier canción y ella va diciendo “no”, “no”, “no”, como si fuéramos una rockola que va pasando canciones hasta que uno le gusta. Obviamente, es un momento tan divertido que ella termina riéndose con nosotros y termina funcionando: el enojo se va.

Qué ocurrirá con su vida y su faceta musical, obviamente no lo sabe nadie. Lo único que espero desde lo más profundo de mi ser es que lo disfrute, obviamente; que el entorno y la historia que la precede, fuertemente cargada de música y musicalidad no le signifique una carga sino un refugio, un mundo sin límites que le funcione para lo que necesite.

Porque la música, lo que tiene, es eso: sirve para todo.