MaMilManeras por BabyDove

Hijos cansados

Hay un enemigo invisible que se aparece y, a veces, le cuesta irse. Que se sumerge, invade y domina. Conquista a la voz tierna y la transforma en gritos. Los movimientos suaves en movimientos bruscos. El sí por el no. Se manifiesta a través del berrinche, del pataleo, del llanto.

 Aparece cuando se madruga o después de una tarde a puro correteo en el parque. O quizás cuando no logramos conciliar bien el sueño y la noche se hizo larga.

 No es fácil aprender a vivir con él. No es fácil, como adultos, acompañar siempre de la mejor forma.

 Pero hay que intentarlo. Reflexionar. Buscarle la vuelta.

 Alma es una pequeña de dos años muy buena, movediza, autónoma y muy dulce. Pero cuando está cansada, cambiar los pañales, bañarla o lo que sea puede ser complicado.

 Y ahí, en esos momentos, en los que a veces yo también estoy cansada del ajetreo diario, es cuando más tengo que practicar mi paciencia. ¿Cómo poner el límite? ¿Cómo ayudarla a transitar este enojo, consecuencia del cansancio?

 Permitiéndole explorar esta emoción. Conteniéndola después de la descarga de energía que hizo. Hablándole cuando perciba que el enojo pasó, intentar explicarle de forma simple y directa.

 Muchas veces fallo. Y no actúo de la mejor forma. Después me quedo pensando en las mil opciones en que podría haberme dirigido. Me arrepiento. Le pido disculpas. Le digo que yo también estoy aprendiendo a ser mamá y que voy a intentar mejorar.

 Y cuando llega un nuevo episodio -la verdad es que no son muy a menudo pero a veces pasan- intento prender la lamparita en mi cabeza, pero sobre todo en mi corazón. Porque la mejor forma de acompañar es con el corazón, con el amor que te sale por los poros, que te envuelve desde el primer día en que abrazás a tu cachorro.

 Aprender a abrazar a ese enemigo, más bien quitarle la etiqueta, aliarte y transformarlo. En ese proceso estamos. Respiramos transformación y movimiento permanente. Y, como dijo Lolo, no resistirse a lo que ellos necesitan es la clave.

 Uno planifica en su mente cómo será su mañana o su día -me pasa mucho querer ordenar o limpiar y cocinar primero para poder estar con ellas después-. Pero el cansancio seguro va a alterar el orden. Y resistirse a él por intentar hacer otras cosas no está bueno. Otras cosas que, muchas veces, pueden esperar -no pasa nada si tendemos la cama después, o si ponemos ropa a lavar más tarde-. ¡Ojo! Esto lo escribo y me lo digo a mí misma.

 Por eso, aprendemos a escuchar a nuestras hijas cansadas, intentamos leer su necesidad y, es un segundo, pero cuando lográs comprenderlas y estar, desde el corazón, la paz llega de forma más armoniosa.