MaMilManeras por BabyDove

La gente es mala y comenta

“La gente es mala y comenta” es una frase armada pero muy descriptiva de lo que sentimos a veces algunos padres, sobre todo los primerizos.

Los padres primerizos suelen tener muchos miedos, miedo a hacer algo mal para el bebé (muy difícil), miedo a no poder controlar una situación (muy probable), miedo a que todo nos desborde (casi seguro), y a veces, aunque no lo queramos admitir, miedo a que se nos esté juzgando.

Ese juicio que viene primero casi siempre desde la propia familia, y ojo que no digo juicio con mala sangre, no, todo lo contrario. El juicio de la familia, puede arrancar por la abuela del bebé, siempre viene con buenas intenciones, y con el respaldo de “cuando tú eras bebé yo lo hacía así…”.  Es una frase que, aunque parezca simple, está llena de contenido. “Tú fuiste bebé”, “Yo ya pasé por esto (y lo solucioné)”, “yo hice que funcionara” y hasta se puede leer entrelineas “a mí nadie me escucha”. No se enoje, flamante abuela, no vine a darle palo, es que seguramente usted arrancó con esta “ola de consejos”, pero no fue la única (ni la más pesada).

Nosotros hemos pasado por varios, pero déjenme contarles a quienes tienen un pequeño en casa y están esperando el segundo, que piensan que van a pasar por todo eso de nuevo, no; no va a ser tan así. Cuando uno trae un segundo ser humano a la Tierra ya se ganó el respeto de propios y ajenos, es como que entró a otra categoría de ciudadano. Ojo, tampoco se crean que porque ya tienen uno se las saben todas… (tema para otro post).

Pero volviendo a las críticas, la semana pasada nos pasó algo que, si bien no es nuevo, quería compartirlo.

El sábado pasado corrí una carrera, una de las tantas carreras de calle que hay en Montevideo, hace mucho tiempo que corro carreras de este tipo. Viviana, mi esposa, siempre fue a alentarme, incluso bajo lluvia torrencial con Josefina chiquita en el cochecito cubierto. Casi siempre va alguna hermana de ella a acompañar también, incluso a veces he corrido con mi cuñado, pero esta vez fuimos solos. Y eso significa que mientras yo estaba corriendo, ella se tenía que quedar con los tres, en un mar de gente (mucha gente va a alentar).

Como ya he contado antes, cuando uno tiene un hijo, o hasta dos, puede arreglarse con sus (dos) manos, pero con tres la cosa cambia. Por eso, para un viaje el año pasado compramos unas correas, que los agarra de la muñeca y tipo mochila para Benja (el más chico, de dos años). En otros países es más común verlo, pero acá no tanto, si bien tampoco me parece cosa de otro mundo, pero causa ciertas miradas. Y Viviana, con los tres atados, tuvo que soportar miradas de asombro algunas, y de desaprobación otras.  Ella me decía que se imaginaba los pensamientos o comentarios de algunos: “¡ah!, los lleva como perros”. Señora/señor se escapan como perros, a uno no le dan los ojos para estar mirándolos todo el tiempo. Si uno quiere salir con todos y a la vez disfrutar del paseo (siempre se puede salir y pasar mal) estas correas son una solución cuando hay taaanta gente alrededor.

Tengo miles de estas historias de gente con ojos reprobadores, tengo como para un libro.

Calculo que la moraleja es que, uno no tiene que ir por la vida preocupándose del “qué dirán”, pero cuando se es padre primerizo, menos aún.

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La foto de la llegada con la mejor hinchada (y sus correas obviamente).