MaMilManeras por BabyDove

La vida en un puño

Tener tres hijos varones en cuatro años te enseña muchas cosas, por ejemplo hacer todo, todo, todo, cocinar, lavar, juntar, ordenar, comer, lavarte los dientes, leer o vestirte con una sola mano.

Es un curso intensivo de animales, dinosaurios y superhéroes; te entrena para organizar un cumpleaños o cualquier tipo de evento en dos días, o a cambiar pañales en las circunstancias más extraordinarias, por ejemplo con un bebé a upa y el otro corriendo por toda la casa.

Además de acostumbrarse a dormir de a cinco, bañar a tres en simultáneo o bajar regularmente las escaleras con dos niños a upa y uno de la mano, con libros, superhéroes y muñecos también en las manos. En cuanto a lo psicológico, el cerebro se te amolda y lo que antes te estresaba, ahora ni lo notás; lo que antes te cansaba hoy lo hacés por tres y mucho más y lo que puedo asegurar es que es muy divertido, incluso en los momentos de crisis, en los que los tres te reclaman upa, agua, memi, o se te suben arriba y pelean por el clásico “quiero ir contigo”.

León cumplió 1 año y como Dios manda lo festejamos a lo grande. A lo que nosotros consideramos que es “lo grande”: familia, amigos, una torta para cantar tres veces feliz cumpleaños, Happy Bday, Guau guau guau y un solazo de maravillas para abrazarnos bajo su luz, fuerza y energía.

Fue un año demasiado especial. Tan especial que ni hago el intento de ponerlo en palabras. Un hijo te da las mayores alegrías y los más profundos dolores y con León fue así desde el mismo momento del parto. El mejor parto del mundo, acompañado de la noticia más dura que recibimos en nuestra vida. El mayor miedo, dolor, impotencia e incertidumbre de la mano del más fuerte amor, agradecimiento, fe y fuerza para enfrentar lo que vendría.

Cuando las cosas cambian de rumbo y no salen como esperás, como estabas acostumbrada el mundo se te da vuelta. Lo aprendido acompaña, ayuda, pero el horizonte se manifiesta como una hoja en blanco. Las viejas maneras se alteran y te exigen nuevos senderos, rocosos, empantanados y cada logro es un súper chapuzón en un mar de aguas cristalinas.

Uso metáforas para no ser literal, porque no es necesario. Simplemente intento transmitir que si la maternidad te revoluciona, cuando algo inesperado se atraviesa en el camino ya no es revolución, es golpe de estado. Y no hay otra que ponerle el pecho y hacerle frente, con paz y alegría. Si algo re-aprendí es que la paz y la alegría son el condimento que suaviza todo. Todo. El bálsamo. Incluso acompañadas de lágrimas.

Y cuando llega el golpe aparece eso que no sale si las circunstancias no lo exigen y también, nobleza obliga, aparecen “aquellos” familia incondicional y amigos especiales que cual nobles y sabias arañas se organizan para tejerte la red de contención, tan necesaria, que te hace todo sin duda más fácil.

Hace un año re- aprendí que tener hijos es el regalo más sagrado y bendito de Dios y la naturaleza y también la decisión más arriesgada que podemos tomar en nuestras vidas. Que a partir de ahí estamos expuestos para siempre a la intensidad de la existencia. A todas sus caras, a lo más gratificante y sanador y lo más duro y doloroso. Que un hijo sano, y nuestra propia salud, incluso la vida misma, es un milagro que damos por sentado y en esa obviedad nos olvidamos de celebrar los milagros diarios, las victorias cotidianas.

Leoncito cumplió 1 año y nosotros cumplimos un año de familia de cinco. Y como estoy para las metáforas, me encanta la analogía con los dedos de una mano. Una mano que hace, que agradece, que acaricia, que choca los 5, que toca música, que saluda y hace dedito para arriba. Cada uno en su individualidad es especial, cumple un rol, aporta lo suyo y unidos somos un puño, “el puño” imbatible como el de los superhéroes . Como un átomo. Toda la fuerza, el amor, la fe, la sabiduría y la felicidad contenida en ese puño. La vida misma en ese puño.