MaMilManeras por BabyDove

Las dichosas vacaciones

Uno pasa todo el año organizando y planificando esas dos semanas en que se va de vacaciones. Trabajamos, nos esforzamos, todo pensando en esos 15 días de enero o febrero en que cerramos la computadora y nos vamos a “descansar”.  Pongo descansar entre comillas porque todos los que tenemos hijos sabemos que en las #VacacionesConHijos no se descansa nada.  Por eso no voy a hablar de lo cansada que volví, sino de como nos preparamos para estos días.

Fue, por ejemplo, el primer año que nos planteamos desconectar del mundo digital (cualquier tipo de pantallas) sobre todo a Vicente. Teníamos un solo propósito y era que él disfrutara con cosas de la naturaleza y que no tocara ni un celular, ni tablet, ni nada que necesitara batería. ¡Cuidado!, que esta decisión implicaba más trabajo para nosotros, ya que muchas veces, es más fácil darle el tablet y que mire algo mientras nosotros dormimos una siesta. Pero este año, no. ¡Este año parecíamos los Campanellis en el auto! Llevamos las bicicletas, los patines, los juguetes de la playa, la tabla inflable, y hasta armé una bolsa gigante de juegos de caja, de cartas, de libros de actividades. Sobre todo porque el pronóstico del tiempo daba lluvia para los 10 días que íbamos a estar afuera. En realidad, fueron los mejores 10 días del verano y no fue necesario usar ninguno de esos recursos para momentos extremos.

La dinámica que implementamos fue utilizar las mañanas para dar paseos, sobre todo paseos que implicaran desgaste físico, como salir a andar en bicicleta o subir un cerro. Fue para Vicente la primera vez que subía uno. Elegimos el del Toro en Piriápolis porque no es muy alto, y sobre todo porque la dificultad es baja. Nunca lo había visto tan cansado en su vida.

Después de la actividad matinal, tocaba almuerzo y mientras Quique dormía la tan envidiada siesta, con Vicente hacíamos guerra de bombitas de agua, jugábamos a los superheroes de Lego y hasta salimos a buscar un sapo que resultó llamarse Revert y que marcó una despedida muy triste cuando tuvimos que volver a Montevideo, ya que él pensaba traerlo y que sea su nueva mascota.

A eso de las 16hs tocaba playa. Estas vacaciones planteamos el bajar una sola vez por día a la playa ya que dos se torna muy cansador, y la verdad es que el sol de la mañana nos deja poco margen de acción. Por eso preferimos bajar tipo cuatro de la tarde y ahí quedarnos hasta que el sol se ponga. Para sorpresa mía en las playas habían instalado unos toboganes inflables gigantes  a los cuales Vicente se animó a tirarse (con el padre, claro), pero que marcaron un antes y un después en la osadía de Vi en cuanto a desafío físico.

Finalizada la playa; baños, y cena. Lo que sea, pero que sea rápido y fácil. Hecho en casa o comprado, daba igual, pero a esa hora los nenes ya solo querían dormir y los papis querían finalmente ¡descansar!

Así que entre las 22 y 23hs quedaban rendidos después de un día lleno de actividades y nosotros empezábamos nuestras dos horitas de vacaciones, en donde las cartas y las conversaciones tenían el protagonismo.

Terminar el día sentados en la mesa de afuera, con el aire cálido de los días de verano, jugando a la conga y siendo felices.