MaMilManeras por BabyDove

Madres perfectas vs. Madres reales

Es lindo escribir sobre una marca que fomenta las “mujeres reales” y no las “perfectas” o flacas, o sin arrugas, o siempre impecables, y al mismo tiempo busca la belleza en la salud del cuidado de la piel, un órgano muy importante y que también “se ve” y puede “lucir” más sano o más cuidado, o más seco o dañado.

La idea de “madre perfecta” (o la presión por serlo) viene dentro del concepto -o de la presión- por ser la “mujer perfecta” (joven, arreglada, flaca, informada, etc.) propio de la actualidad.

La mujer vota por primera vez en Uruguay en 1938, pero hasta 1946 no se la iguala desde el punto de vista de derechos a los hombres. Hasta ese año las mujeres no podían tener propiedad privada ni derecho a la tutela de sus hijos, eran tratadas como niños desde el punto de vista legal y ciudadano.
El recorrido que hemos hecho en 70 años es tan impresionante que, hoy en día, a pesar de que siguen habiendo inequidades brutales en algunos lugares, poblaciones o áreas, podemos decir que la mujer puede aspirar no solo a generar la vida, sino también a ¡cambiarla! Podemos trabajar “afuera”, generando nuestro propio dinero y ser proveedoras del hogar. Podemos realizarnos profesional o artísticamente, o formarnos en un oficio que elijamos. Podemos tener vida social, cuidar nuestro cuerpo, hacer deportes, y ¡ser madres! Esto último, ya es, además, una opción no una obligación, por lo que es doblemente lindo desarrollarnos como madres si así lo elegimos.

Pero también recae sobre nosotras la presión por hacer todas las cosas
bien, por tener todo bajo control y porque una tarea no descuide la
otra a pesar de que los cambios se dan también en los hombres, que
comienzan a disfrutar de las cosas que antes estaban reservadas para
las mujeres, y todo es más mixto y compartido, y creo yo, más
disfrutable y enriquecedor. A pesar de todo esto, nadie cede el poder
fácilmente, ni siquiera nosotras los poderes “de miércoles” como las
tareas domésticas no remuneradas y queremos muchas veces hacerlo todo perfecto, demostrar que somos la mujer maravilla. Así que el cambio
debe comenzar por nosotras mismas: no somos mujeres perfectas ni
queremos serlo; somos mujeres reales (“la belleza es enemiga de lo
perfecto”).
Tampoco podríamos ser madres perfectas si solo nos dedicáramos a eso.
De hecho, las diferentes áreas de desarrollo dentro de una persona
enriquece a las otras. Somos madres reales. Podemos ser potentes, pero
necesitamos del otro. Podemos ser alegres pero también sensibles,
energéticas pero no “incansables”, incondicionales pero también
frágiles, seguras e inseguras a veces, intuitivas pero también
dubitativas a veces, capaces de realizar varias cosas a la vez, pero
también capaces de estar relajadas buscando espacios de disfrute con
nuestros bebes y de olvidarnos de todo el resto. Hacer muchas cosas
por lo enorme de nuestros sueños, pero no por lo perfectas.
“No hay forma de ser madre perfecta, pero hay un millón de formas de ser buena madre”