MaMilManeras por BabyDove

Palabras cruzadas

Está todo bien con la Real Academia Española. Incluso tengo su app en mi celular -estoy al borde de la obsesión con respecto a la ortografía-. Pero a mí que no me embromen, hay un diccionario que solo los padres conocemos: el diccionario de la lengua infantil.

¿Cuántas palabras inventan tus hijos cuando empiezan a hablar? No hay regla que valga.

 Yo creo que podrían ser directores creativos de cualquier agencia de publicidad porque creatividad les sobra.

 En el caso de Alma, hay varias anécdotas sobre su habla. Algunas frases célebres son: “¡Mirá esta bóvida!” – víbora-; “me pongo las cataplinas” -pantuflas -; “¡me pavotié!” – estoy paveando-; “a mamma le duele la colunga” -a mi mamá le duele la columna -. “¡Ay, me pegué en la barba!” dijo una vez con los ojos grandes y media asustada cuando se pegó en la pera; claro, es que su padre tiene barba y, por ende, ella también.

 Y así siempre aparece alguna palabra cruzada, un remate perfecto para un monólogo cómico. Cuando me preguntan cómo me va con la maternidad doble, siempre digo lo mismo, cada vez más divertido, cansador pero muy divertido. Y no es una fantasía y no quiere decir que no me canse o a veces me frustre. Simplemente me siento así, afortunada de tener a estas dos payasas en casa. Una puro gestualidad, por ahora, y la otra pura charla. Ambas en movimiento constante, curiosas, comilonas y felices.

 Volviendo al tema lingüístico -¡já!-, los padres no sólo somos cómplices de ese código nuevo el cual nuestros hijos nos obligan a entender, sino que también nos convertimos en traductores.

 Me pasaba mucho con uno de mis ahijados, Jesús de 4 años, que, cuando empezó a hablar no se le entendía nada. Perdón, nadie entendía nada, solo su mamá, Nelly. ¡Lo descifraba enseguida! Yo me preguntaba cómo hacía, admiraba su capacidad para aclarar ese speech rápido y entreverado. Hasta que fui madre y desde hace un tiempo, me convertí en traductora, aunque debo admitir que Alma habla clarito y se hace entender, la mayoría de las veces, muy bien.

 Los adultos que la rodean vamos descifrándola y conectando. Como que se descarga una aplicación en nuestro cerebro de forma automática que hace que, de a poco, podamos ir entendiendo lo que quiere decir.

 Ahora que crucé la orilla, ahora que tengo a mi propia narradora -y, en breve, van a ser dos las que no paren de hablar, ¡qué divertido!-, me zambullo en esta sopa de letras, en este juego de palabras cruzadas, en este baile discursivo que me hace reír tanto. Si con una es divertido, ¡lo que será cuando arranque la otra señorita!