MaMilManeras por BabyDove

El poder de la música

“¡Orientales, la patria o la tumba! ¡Libertad o con gloria morir! ¡Es el voto que el alma pronuncia y que heroicos sabremos cumplir!”. A través de las ventanas del auto se divisa a una joven cantando solemne, haciendo ademanes, frunciendo el ceño mientras maneja. Parece que va sola. Pero no. Adentro del coche lleva a una pequeña con los ojos empapados de tanto llorar que, ahora, en silencio, escucha atenta la voz de su madre cantando, ni más ni menos, que el himno nacional.

Esas somos Alma y yo, una tardecita de verano volviendo de casa de mi mamá. A las pocas cuadras de salir, comenzó a llorar. Primero intenté calmarla hablándole, pero fue peor. En ese momento, una laguna mental gigante invadió mi memoria musical y, unos segundos después, apareció en mi mente el himno. Solo la melodía del himno.

No lo dudé y comencé a cantar. Los gritos de Alma comenzaron a cesar a medida que mi interpretación era más exagerada. Parecía una cantante de ópera.

Llegamos a casa, ella seguía en silencio. Cuando la miro estaba dormida. ¡Sí! Se había dormido con el himno. ¡Qué patriota, ¿no?!

En otra ocasión, también, volvíamos de casa de mamá y comenzó a lagrimear a mitad de camino. Se me prendió la lamparita y puse en el celular canciones infantiles que, desde los pocos meses, sus abuelos le hacen escuchar y le encantan. Dejó de llorar al instante. Quedó inmóvil. En un silencio solemne y terminó dormida mientras yo cantaba al son de “La vaca Lola”.

Otro día, en casa, estaba un poco majadera. Saqué la guitarra y comencé a tocar canciones inventadas con acordes y punteos básicos pero que suenan armoniosamente. Su rostro, observando la guitarra, no me lo olvido más. Quedó anonadada ante ese instrumento superpoderoso.

A veces, pongo música que me gusta, más que nada música indie. La apoyo en mi pecho y bailo con ella. Y, en la tercera o cuarta canción, entrecierra los ojos, queda flojita, relajada, y se termina durmiendo. ¿Será que las melodías no son desconocidas para ella ya que las escuchaba desde la panza?

Siempre fui una persona musical. Sensible a las melodías y exploradora de artistas nacionales e internacionales – gracias a internet-.  Como si fuera el soundtrack de una película, en muchas circunstancias de mi vida se me aparecen canciones para acompañar dichos momentos.

Ahora, con mi hija, reafirmo el poder de la música. Ese poder relajante, estimulador de sueños y emociones. Y Alma es como el agua. Fluye al ritmo de esas melodías con su paz que invade toda la casa y su alegría que nos mantiene conscientes de lo hermoso que es aprender de nuestra pequeña Buda, como la llamamos con Lolo.

Así que, cada día, seguimos escribiendo esta canción al compás de sus pasos.