MaMilManeras por BabyDove

El rock de las hormonas

Cuando entramos en el mundo de la maternidad se empiezan a convertir en naturales y cotidianas ciertas palabras que hace unos pocos años atrás no sabíamos que existían, o desconocíamos su significado. Sabíamos de qué se trataban, pero jamás habíamos tenido ocasión de utilizarlas, o lo habíamos hecho pero contadas veces en nuestra vida, jugando al diccionario, por ejemplo.
Por citar algunas:
Mastitis, oxitocina, prolactina, trabajo de parto, sacro, epidural, lactante, transnucal, ordeñadora, puerperio, taller de parto, apego, pro-lactancia, “lactancia feliz”, retención de líquidos, co-lecho, doula, y la lista sigue y crece a medida que hurgo en mi archivo personal.

Pero hay una que empezó a sonar, con una leve tonada de compañía, tipo un chill- out y poco a poco, en estos años ha empezado a tomar intensidad y una fuerza conceptual que de la bossa nova se convirtió en una suerte de riff rockero y pegadizo como algún tema de los Stones, Satisfaction o el que se les ocurra. Y esa palabra es “EMPODERARSE”.

“Me sentía poderosa cuando estaba embarazada” me dijo una vez una amiga y fue la primera vez que escuché el concepto. Yo estaba embarazada de Salva y algo así me pasaba. Entendía lo que me decía, pero hasta ahí.

Hoy, cuatros años después, con dos embarazos, dos hijos, dos partos, dos lactancias “prolongadas” y un bebé de siete meses en la panza lo entiendo. Lo comparto. Lo siento así, y me lo apropio. En este festival de hormonas en el que me he convertido, me animo a decir con propiedad que la maternidad empodera y que es un estado de ebriedad e intensidad hormonal alucinante que hay que interpretar. Así lo vivo yo.

Ese empoderamiento es una forma de pararse en el mundo, de tomar decisiones, de aclarar nuestras ideas y defenderlas, y fundamentalmente a escucharnos para encontrar respuestas antes de leerlas en un manual de mamás.

Cuando estaba embarazada de Indro, en la semana 39, me enfrentaba al inminente parto con la sensación de que iba a “guerrear”. Quería hacer el esfuerzo por transitar el trabajo de parto sin anestesia, y sabía lo duro que era porque ya había vivido el de Salva, pero les juro que esa era mi sensación física, psíquica y espiritual… el de una guerrera. Y lo logré.

Si a todos los cambios del cuerpo, muchos de ellos incómodos, molestos y no siempre de los más armónicos, se suma esta sensación de sentirnos empoderadas démosle bola, hagámosla consciente, incorporémosla y salgamos a guerrear por nosotros, por nuestro bebé y para defender cómo sentimos y pensamos.
He escuchado muchas historias de mamás que hubieran querido parir natural, pero le programaron la cesárea porque el médico se iba de vacaciones. Otras, que tienen miedo del parto, que les da pánico el dolor y se van a anestesiar sin dudarlo porque les dijeron que es imposible de soportar. Que “me gustaría parir en cuclillas, pero mi médico me dice que así no sabe trabajar”. Que “me hicieron la episiotomía, pero yo ni me enteré, ni me preguntaron si quería o no”, que “la experiencia del parto fue traumática”. “Me sentí violada”, llegué a escuchar decir a una mamá. No. Evidentemente no.

El cuerpo así como nos da la posibilidad de engendrar un hijo, nos da la fuerza mental y física para pasar por todos esos momentos tan sensibles y críticos de la mejor manera. Cada experiencia es única, y como sea estamos preparadas. No hay que tener miedo, ni pánico, hay que escucharse y sentir que somos capaces. Que nuestro cuerpo nos preparó para eso. Una vez más, honrar la sabiduría de la naturaleza y el milagro que vivimos y creamos. Nada más y nada menos que VIDA. Tampoco esperar a que esto nos ocurra en la primera ecografía, no en vano el tiempo de gestación lleva nueves meses. Sí confiar en el proceso y en que cuarenta semanas es un tiempo sabiamente necesario para no solo acomodar el cuerpo, sino también la mente a la revolución que se nos viene.

Recordemos que además de mujeres y mamás, somos mamíferas, igual que una leona o una ballena. Enormes y fuertes. Y sentirnos poderosas es parte de toda esta fiesta de hormonas. Bailar con ellas e ir adonde nos llevan, hacerles caso y salir a rockear creo que es la forma más sana y natural de vivir y disfrutar a pleno este momento increíble y único que es el embarazo.