MaMilManeras por BabyDove

Hay algunas frases o preguntas que a Luisa le disparan reacciones inmediatas; de esas que te cortan un berrinche o hacen que te preste la atención que te venía esquivando.

“¿Querés una mema?” es una de las históricas.

No importa lo que fuera que estuviera haciendo, si le ofrecés el biberón sagrado ella dice “ti”, asiente con la cabeza y el resto de su cuerpo, y por las dudas (por si llegara a ser solamente una frase estratégicamente utilizada para captar su atención) viene corriendo con las manos estiradas a tener contacto lo antes posible con ese Santo Grial.

De algunas semanas a esta parte, otra de esas frases es: “¿Querés dibujar?”.

Automáticamente suelta el control remoto, o las llaves, o el vaso de vidrio o saca las manos de las pastillas de Tila, por ejemplo, y repite la tríada de asentir, decir “ti” y salir corriendo hacia la mesita de su cuarto donde la esperan sus crayolas y lápices de colores, y una montaña de hojas de papel A4; no importa si estaba en el medio de una cambiada de pañal, saliendo del baño o haciendo lo que sea: una vez que menciones la posibilidad de dibujar ya no importa nada más en el mundo más que dibujar.

Ya sabemos que Luisa es una niña que cuando quiere algo, lo consigue. Y, claro, con esto no iba a ser la excepción.

Y empieza lo que puede durar horas: raya una y otra hoja, y la mesa, y las sillas por supuesto. Y como que se abstrae. Raya, raya y raya y balbucea cosas; y te trae una de esas hojas y te muestra sus obras de arte que luego quedan pululando por las diferentes habitaciones de la casa y hasta en el auto.

Si bien es algo que se divierte haciendo sola, obviamente prefiere hacerlo acompañada. Entonces te arrima una hoja, o una sillita, como invitándote a desafiar todas las leyes de la física y sentarte en ella, a dibujar con ella.

Por el bien de las sillitas sobre todo, le agradezco la generosa oferta pero la declino; y lo que hago es tirarme en el piso, a su lado, a dibujar. Al principio le alcanzaba con que también rayara, sin sentido aparente (el arte es subjetivo, ¿no?); pero con el tiempo empecé a dibujar en serio (o sea, todo lo “en serio” que puedo llegar a dibujar yo), porque me aburría dibujar rayas y nada más, y porque además así le podía ir “dibujando” historias a Luisa.

Empecé haciéndola casitas y arbolitos, o frutas o autos o aviones. Pero no le divertía mucho. O al menos mucha bola no me daba. Hasta que entré al mundo animal. ¡¿Cómo no me di cuenta antes?! Si los animales le EN-CAN-TAN.

Elefantes, leones, caballos, vacas, pájaros, gallinas, perros, gatos (todos medio iguales porque no soy ningún artista, claramente). Le encantan. Señala los garabatos con su dedito índice estirado y medio chanfleado y dice las onomatopeyas con las que los identifica: mu, miau, ba-bau, wrrrruarrrr (el león, obvio), y su preferido: el sonido de los cascos del caballo que no sé cómo se escribe pero claramente todos están, en este momento, haciendo para sus adentros o incluso en voz alta (¿o no?).

Menos el del dinosaurio; ese no supe decirle cómo era. Mal yo.

La verdad es que me entré a copar. No sé hacía cuánto no agarraba un lápiz de color. Debo confesar que tuve que hacer fuerza para dibujar “libremente”; es decir: no hacer necesariamente un árbol de tronco marrón y hojas verdes, o una vaca blanca y negra, por ejemplo.

Los dibujos vinieron, además, a ser muy útiles porque Luisa está en una “etapa” (si es que existe tal cosa) en la que le está costando mucho el temita de cambiarle los pañales, sobre todo cuando hace la bendita caca.

En un rapto de lucidez, pensé “estos dibujos tienen que ayudarme a descomprimir el temita de la caca”. Y han servido, honestamente. Claro, el precio fue dibujar a todos esos animales… si… haciendo caca.

Nos reímos y divertimos dibujando y jugando, descomprimiendo algo que por algún motivo le angustia y molesta (puedo imaginarme que debe ser molesto que te cambien los pañales, sí…) y entonces, cuando ella quiere hacer o hizo, agarra un dibujo de esos que andan desperdigados por la casa de elefantes rosados, perros celestes tomando mema, jirafas con lentes y estampados de varios colores o la bestia que sea haciendo caca (condición necesaria) y viene, ahora riéndose y me dice: “caca”.

Ahí ya sé lo que hay que hacer, que claramente no es ninguna magia más que limpiarla y cambiarla. Pero ahora desde un ángulo menos dramático, casi hasta divertido, contándole cuentos de cómo todos sus animales adorados también tienen que pasar por ese calvario.