MaMilManeras por BabyDove

Soltar la mano

Cuando tenía cuatro años me subí por primera vez a unos patines. Una sensación de inseguridad me invadió el cuerpo. De a poco el miedo fue desapareciendo dando lugar a una alegría desmedida. La brisa acariciando mis cachetes, mis piernas cada vez más fuertes y seguras en cada deslizada. La velocidad en aumento. Un combo que generaba- y genera cada vez que me encuentro parada sobre ellos- una felicidad única.

Siento que a Alma le pasa lo mismo con sus primeros pasos. A su tiempo, fue soltándonos la mano. El 1° de enero comenzó una nueva etapa de descubrimiento. Ahora mira el mundo parada con la frente en alto.

Primero comenzó gateando sigilosa. Después se empezó a quedar en cuclillas y a poder pararse sin ayuda. Luego, te agarraba de las dos manos para caminar, parecía un auto desalineado y era muy gracioso verla. Un día, se animó a caminar guiada por una sola mano. Ya su equilibrio había mejorado.

La cuestión es que ella quería salir corriendo. Se embalaba y caminaba muy rápido, lo que provocaba tropezones -y debo admitir que era un esfuerzo importante para el que la llevaba de la mano-. Y así, sus piernas -como me pasó a mí con patín, se hicieron más fuertes- . Hasta que, en un momento, logró la confianza suficiente para hacerlo sola.

Día a día va agarrando más dominio de su cuerpo. Con Lolo y nuestras familias somos testigos de sus avances. De su picardía. De la risa que le provoca la adrenalina al caminar. De la sorpresa que le genera esa estabilidad que de a ratitos se vuelve inestable.

Y a mí, su astucia y la alegría que le provoca andar sola, me recuerda a mis primeras clases sobre ruedas. Cada deslizada, cada paso, una nueva meta superada, una nueva forma de saber el mundo y de apreciar la simpleza.

Caminar es un acto para valientes. Alma comienza su recorrido a pie teniendo un año y casi tres meses. Me siento feliz por ella, por la independencia que gana en cada metro recorrido. Y también por nosotros – Lolo, yo y todos los que nos rodean -, por no apresurarla, por darle el espacio para que descubra este nuevo andar en su tiempo justo, por respetar su sabiduría.

Este etapa que comienza viene con nuevos desafíos para todos. Azul que no camina, pero patea sobre mis costillas (creo que piensa que son bolsas de boxeo o unas cuerdas de guitarra) y, de esta forma, me recuerda su andar dentro de mí, creciendo armoniosamente.

Nuestras vidas en continuo movimiento. Así comenzamos el 2018. De pie. Con energía nueva para abrazarnos a toda situación que nos llegue.