MaMilManeras por BabyDove

¿Vacaciones? ¿¿Ehhh!!

“Disfruten de las vacaciones, nos vemos el lunes 24” leí en el cuadernito viajero de la escuela. ¿Vacaciones?, ¿Ehhh?, ¿Ya? Lo primero que evidencia es que no sabés ni en qué día ni mucho menos qué estación vivís. Pero eso no es un tema de la maternidad, creo que es algo congénito. Luego, para no perder la costumbre, te sentís la peor madre del mundo.

La realidad es que ellos son chiquitos, y no entienden mucho. Salva algo quizás, pero Indro nada. Salva es chiquito y su única actividad es ir a la escuela, y la ama, les copa todo lo relativo al tema, su maestra, sus amigos, sus trabajos, y el concepto de “vacaciones” no lo tienen demasiado incorporado. Nosotros sí sabemos que las vacaciones, conceptualmente, deberían ser el mejor momento del mundo… para ellos claro, porque para los padres que trabajamos se convierten en un problema. Y ahí afloran los sentimientos contradictorios. Primero cuestionás al mundo y al sistema ¿cómo puede ser, si acaban de terminar las de julio, ¿porqué necesitarían vacaciones en primavera? ¿Porqué necesitan vacaciones, si ama ir al cole!

¿Y…no pueden ir igual?

Un desastre, pero real. Cuando llegás al punto en el que querés que tus hijos sigan yendo al jardín porque tenerlos en casa te complica la vida es porque te convertiste en tu peor versión de madre. Y bueno, tomás consciencia de que llegaste a eso y lo aceptás. Entonces te ponés a pensar cómo podrías hacer para llevarlos a algún lado, organizarles un programa para hacer aunque sea un día de sus vacaciones especial, memorable. Y mirás las opciones. Obras de teatro, cine, musicales… Son a las tres de la tarde, entonces empezás los malabares teóricos.

Ok, si yo entro a tal hora y salgo a tal hora son xxx horas de trabajo, ¡podría ser! … Ah no, pero si es a las 3 tengo que estar al menos 15 minutos antes, e irme y pasarlos a buscar, o sea me tengo que ir como dos horas antes, no imposible.

Somos todas madres y si lo hacemos todos no labura nadie, es que si somos todas madres y estamos en la misma…deberíamos poder todas salir antes para llevarlos a una obra de teatro o al cine…si, si, olvidate. No funciona así. Y se acaban en un instante las utópicas anarquías laborales.

Abrís el abanico…abuelos… ¿Cómo podemos hacer para que los pasen a buscar y los lleven y los traigan otra vez?… Ahh, pero si no tienen sillitas en los autos, es una tranza, ¡chau!, ya fue.

Te rendís. Ya está, son dos, tienen un jardín y árboles, que jueguen entre ellos…y te embarcás en el resignado… bueno, veremos día a día a ver qué pasa…

Y resulta que es lunes, de la otra y como quien no quiere la cosa pasó de todo. Una noche entró un murciélago a la casa…corrimos por todos lados, apagamos la luz, agarramos linternas, en un acto de valentía cerramos la puerta de un cuarto y abrimos las ventanas, lo relojeamos al bicho mareado volando desquiciado y sin rumbo para un lado y otro hasta que finalmente encontró la ventana y salimos corriendo a cerrarla para que no volviera a entrar. “Fue Batman, entró en casa y volaba por todos lados y entró en el cuarto de papá y mamá”, le contaban a los abuelos. Otra mañana salimos afuera y apareció un súper sapo. Era gigante. Enorme. Lo miramos, observamos, analizamos la piel, la textura, las patas, los ojos amarillos como los reptiles, se quedaba quieto para confundirse con una piedra, y entendimos esto del camuflaje que hablan en “Las aventuras de los Krats”. Otro día pasó lo mismo con una lombriz, y hasta presenciamos el momento en que una araña de patas largas y flacas atrapaba a una pobre mosca en sus redes. Cocinamos pan casero sin gluten que disfrutamos al desayuno y peleamos contra brujas y tiburones en un barco vikingo (un tronco tirado en el jardín). Ahhh y luego de los chaparrones del domingo apareció el espíritu de Peppa Pig para saltar en los charcos y Salva corrió por encima del agua a toda velocidad transformado mágicamente en “basilisco”. (Es un bicho increíble que aprendimos en Las aventuras de Los Krats, googleenlo)

Se pasaron las vacaciones y no estuvo tan mal. Al final, somos nosotros los que nos exigimos cosas complicadas cuando ellos, con buen tiempo, pasto, bichos, ramas y un poco de imaginación se arman su propia aventura. Eso que tan hemos escuchado del “ocio creativo”. Cuando no tenés planes surgen los planes más divertidos.