MaMilManeras por BabyDove

Vacaciones (o algo así)

El domingo pasado cargamos el auto con toda la tropa (Luisa, Nani, Tila, que sigue viva y yo) y todos los trastos y valijas y juguetes y carrito y qué se yos, y nos dirigimos a una preciosa chacra que la madre de Nani alquiló en la falda del Cerro donde está ubicada la reserva natural.

Ahí ellas pasarán hasta marzo, y yo pasaré también varios días; precisamente todos los fines de semana, más algunos más que me pedí para cuando caiga el cumpleaños de Luisa (el 15 de febrero) y algún otro que también veré de gestionar.

La casa, como les decía, es preciosa y es muy fácil pasar genial ahí, porque el entorno es divino, porque tiene una piscina gigante y porque cuando uno está de vacaciones, pasa eso: pasa bien.

Además, en la vuelta hay un montón de paseos y cosas lindas para hacer, y lugares deliciosos para ir a comer, y programas para divertirse y entretenerse cuando ir a la playa no es una opción, que este verano viene pasando bastante seguido.

Lo particular de todo esto es que de alguna manera también me “tocan” vacaciones a mí, en algún sentido extraño, por más que todos los días de lunes a viernes venga a trabajar. Es obvio e innegable que no tener que encargarme de Luisa y sus vueltas, y de Tila y las suyas, cada vez más demandante, ayuda a descansar.

En mi tiempo en Montevideo aprovecharé para hacer esas cosas que no suele darme el tiempo para hacer normalmente. Ver amigos, tocar mucho la guitarra, grabar, mirar cualquier partido de fútbol que den a cualquier hora en cualquier canal y, obvio: dormir.

Hasta ahí todo fantástico; y realmente está bueno poder hacer todo eso, ni qué hablar.

Pero ay, ¡cómo la extraño!

Cada vez que me llega una foto o un videíto de Luisa (que por suerte son muchas veces al día) haciendo lo que sea es como que se me revuelve la tripa de emoción y extrañitis. Al no verla tanto, cada vez que la veo es como que puedo VER que creció.

Habíamos hablado, un par de veces con Nani, de hacer video llamada para verla y hablar con ella pero me daba cosa, porque pensé que capaz le podía pegar mal. Pero anoche medio que no nos aguantamos más e hicimos la videollamada.

Luisa no entendía mucho, estaba en el bañito; me miraba, divina, y se encogía de hombros. Al rato largó alguna palabrita tímida y cuando me fui a despedir, pasó lo que temía: rompió en un llanto desconsolador que me partió el alma al medio. Corté, finalmente y me arrepentí horrible porque no podía estar ahí, porque no podía hacer nada.

Por suerte a los pocos segundos Nani me dijo que ya había parado de llorar, que le había dicho que me iban a hacer un dibujo juntas y hasta me mandó una foto evidenciando su sonrisa y bienestar.

Fue como que me volvió el alma al cuerpo, literalmente. Pero habrá que ver, en las semanas siguientes, que volveré a ir y venir e ir de nuevo, qué pasa con este temita de la video llamada. Quizás las vaya entendiendo y les vaya agarrando la mano y podamos hacer muchas, sin dramas porque realmente ayuda mucho el poder verla. Yo creo que va a pasar esto (o capaz es que lo quiero MUCHO).

En cualquier caso, en un par de horas me subo al auto, al cual ya cargué todo lo que necesito para el fin de semana y partiré a las 18:00 en punto hacia allá.

Ay Luisita, cuando te agarre… ¡no te suelto más!